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Resoluciones de Año Nuevo

Mi Tercera Máxima fue procurar siempre vencerme a mi mismo antes que la fortuna, y alterar mis deseos antes que el orden del mundo, y generalmente, acostumbrarme a creer que nada hay que esté enteramente en nuestro poder sino nuestros propios pensamientos.

Discurso del Método y Meditaciones metafísicas, René Descartes. Trad.: Manuel G. Morente, Ed.Espasa-Calpe Argentina (1938)

Pronóstico Reservado

- ¿Vamos a fumar afuera?
- Uhh, acabo de volver.
- Dale, acompañame.
- Bueno… vamos..

- Sos la única persona con la que quiero hablar. Raro ¿no?
- Si, raro. Hasta hace unos días no me hablabas, ni pensé que podía gustarte. Bah.. ¿te gusto? Raro es que estemos acá solos. ¿Por qué me tuviste agarrada de la mano desde que llegué?
- Si, me gustás, como a todo el mundo, como todas las minas lindas (sonrisa) Nada especial. ¿te molesta que te agarre la mano? Siempre estás abrazada con alguien, hasta en las fotos. Pensé que no te molestaba yo en particular. Qué se yo…
- Ok, entonces no te gusto. Seamos claros que estamos grandes los dos para estas pelotudeces.
- Eeehh, pará. Me parecés una linda mina, me gusta charlar con vos…escuchame… pero a mi como que me gusta otra persona…
- No tenía ni ganas de encender este pucho, mierda, me voy para arriba.
- Pensé que sabías, que el bocón de Mariano te había contado ya.
- Mariano no me habla. Me voy para arriba que tengo sed.
- Me gusta… mucho… Conz…
- Ok, for the record: nosotros dos no somos amigos y no me importa un carajo tu situación emocional que no me involucra… for the record…
- Pará… ¿te enojaste?
- No-para-nada, si estoy regia…

ThE lOoP

Y ello hizo que me irritara, pero sobre todo conmigo mismo, como cuando te metes en una situación idiota y comprendes que es idiota, y quisieras salir de inmediato, porque sabes que, cuanto más insistas en afrontarla intentando dominarla, más idiota se volverá, arrastrándote a una idiotez sin salida.

Se está haciendo cada vez más tarde, Antonio Tabucchi. Trad.: Carlos Gumpert, Ed. Anagrama (2002)

Una vida interesante

Acabo de caer en la cuenta de que no tengo una vida interesante. No soy un personaje interesante. No me pasan cosas interesantes. No tengo aventuras interesantes.
O por lo menos, no son interesantes para la mayoría de las personas. Porque, amigos. la gente es más morbo que carne.
A esta altura de la soiree, creo que es conveniente haber sido gordita, feúcha, sufridita, discriminada, torturadita, con historias sexuales trágicas -o sexualidad dudosa-, amores chotos, problemas con las drogas, idiotez, alcoholismo, ser de una familia humilde -o millonaria con problemas de abandono emocional-, obligada a estudiar una carrera que no quería, malcriadita, desarraigada, de alguna minoría… bah… algo conflictivo, trágico…
Pero no.
Acá ando yo por la vida, con problemas comunes y nunca graves -¡si hasta mi mamá tuvo cáncer y se curó!-, derrochando una esplendidez que tiene mala prensa. Soportando la carga de naturalmente ser flaca, excepcionalmente inteligente, de haber estudiado lo que me ha dado la gran gana, haber tenido los mejores romances a los que una mujer puede aspirar, ser de una familia de clase media argentina (compuesta por ex pobres y ex millonarios en partes iguales), vivir en una casa con calandrias y una biblioteca enorme. No soy pedante porque he superado grandes conflictos gracias a mi fuerza de voluntad. Soy pedante porque ME LO MEREZCO.
El otro día twitteando (no me pidan explicaciones sobre lo que es twittear) sobre los blogs que se editan como libros, aclaraba que EsEvidente no puede ser transformado en libro porque no tiene una estructura, ni textos editables. Y ahora ADEMAS, caigo en la cuenta de que mi vida tampoco puede ser convertida en un libro porque tiene menos morbo que la Guía T -y mucha menos utilidad-.
Debería hacer terapia. Con un analista bien retorcido podría inventar alguna mierda; para cagarme bien la vida y convertirla en “interesante”.

Momentos difíciles

  1. Cuando rompemos un par de panties, con las uñas, al subirlas.
  2. Cuando metemos la llave al revés en la cerradura, e insistimos en intentar abrirla.
  3. Cuando nos golpeamos la cabeza con la puerta abierta de la alacena.
  4. Cusndo vemps uqe tipeamps cualquir cosa y mandamos el mensaje sin mirar ANTES.
  5. Cuando bajamos/ alquilamos por segunda (o tercera, o cuarta, o…) vez la misma película.
  6. Cuando apretamos insistentemente un botón del control remoto EQUIVOCADO.
  7. Cuando le pifiamos al borde del escritorio y nos hacemos un espantoso moretón color berenjena en la pierna.
  8. Cuando usamos de mouse el celular y nos indignamos porque el cursor no se mueve.
  9. Cuando nos ponemos alguna prenda de vestir al revés, y nos lo hace notar el/la compañero/a más hot del trabajo.
  10. Cuando clickeamos el ULTIMO cuadradito equivocado en el Buscaminas.

Es muy difícil la vida de los torpes.

Ser emo atrasa +20 años

Feel the rain like an English summer/ Hear the notes from a distant song/ Stepping out from a back shop poster/ Wishing life wouldn’t be so long
Visage, Fade to gray, 1981

Pushed around and kicked around/ Always a lonely boy/ You were the one/ That they’d talk about around town/ As they put you down.
Jimmy Sommerville, Smalltown Boy, 1984

The dice decide my fate/ that’s a shame/ In these trembling hands my faith/ tells me to react/ “I don’t care”
Talk Talk, Such a shame, 1984

Yesterday I got so old,/ I felt like I could die./ Yesterday I got so old,/ It made me want to cry.
The Cure, In Between Days, 1985

Everybody lives in pain,/ what a shame./ Their bodies tied up on the beach,/ so out of reach./ You know I love to get depressed./ It’s the best, it’s the best,/ the very best.
The Bolshoi, Looking for a life to lose, 1986

How many liars have taken your money, your mother said you shouldn’t
bet?/ Who has the fun, is it always the man with the gun?
The Stranglers, Always The Sun, 1986

Everybody knows that the dice are loaded/ Everybody rolls with their fingers crossed/ Everybody knows that the war is over/ Everybody knows the good guys lost/ Everybody knows the fight was fixed/ The poor stay poor, the rich get rich/ That’s how it goes
Leonard Cohen, Everybody Knows, 1988

Everyday is like sunday/ Everyday is silent and grey
Morrissey, Everyday Is Like Sunday, 1988

Igualdad entre el hombre y la mujer

Los hombres pueden enamorarse perdidamente de una mujer aunque sea puta. Por más que sepan que es una relación que nunca va a ir a ningún lado, con una puta se divierten mucho más que con otras minas. Las putas son mucho más compañeras y comprensivas, mejor onda que las demás. Se dan cuenta de que con una puta comparten más cosas. Después de todo, quién mejor que una puta para saber lo que a un hombre le gusta.

Las mujeres pueden enamorarse perdidamente de un hombre aunque sea puto. Por más que sepan que es una relación que nunca va a ir a ningún lado, con un puto se divierten mucho más que con otros tipos. Los putos son mucho más compañeros y comprensivos, mejor onda que los demás. Se dan cuenta de que con un puto comparten más cosas. Después de todo, quién mejor que un puto para saber lo que a una mujer le gusta.

Síndrome de Estocolmo

Los seres humanos desarrollamos diferentes patologías psicológicas en función de la capacidad que tenemos de desarrollarlas. Aunque tengamos la firme voluntad de ser unos desquiciados, hay ciertas estructuras necesarias para que lo logremos. El famoso “no es adicto el que quiere, si no el que puede”; y eso se cumple maomeno para cualquier chifle.
En la pareja o el matrimonio, las libertades individuales son suprimidas con el objeto de exigir una contraprestación: llámense dinero, hijos, status social, casa, cosas; lo que establece que estamos a un pucho de la definición de secuestro. La capacidad de uno -o ambos- de los integrantes de la pareja de desarrollar una identificación con la persona que los priva de la libertad (libertad para la RAE: “1-Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. 4-Falta de sujeción y subordinación”) al punto de acabar ayudándolo a alcanzar sus fines, es la clave de la pareja exitosa.
Acá es cuando nos metemos en el terreno de “No es cierto. Yo estoy casado/a y hago lo que me da la gana”, pero no es más que una leyenda urbana (o rural, o espacial, o de la región que más te guste). Porque si tu pareja te deja hacer “lo que se te da la gana” es que A. le importás un huevo o B. en algún momento va a cobrártela -o está cobrándotela ya-.
Yo soy una especie de códex de patologías psicológicas pero -aún con mucho esfuerzo y dedicación por años- no he logrado desarrollar esta patología tan importante para la conservación de la especie. Y, los que somos así, vamos recorriendo el mundo, fracasando una y otra vez como parejas, en tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos.

Amor o miedo

Y los hombres tienen menos cuidado en ofender a uno que se haga amar que a uno que se haga temer; porque el amor es un vínculo de gratitud que los hombres, perversos por naturaleza, rompen cada vez que pueden beneficiarse; pero el temor es miedo al castigo, y no se lo pierde nunca.

El Príncipe, Niccolò di Bernardo dei Machiavelli (Nicolás Maquiavelo). Trad.: Mario Alarcón, Ed. Longseller (2003)

Busco suegra que me caiga bien (Mission: Impossible)

Cuando uno tiene una diplomatura en fracasos sentimentales -como eu-, a fuerza de estudiar para los exámenes, ciertos conocimientos se fijan más. Las mujeres pensamos que vamos a tener suerte con nuestras suegras CADA VEZ.
La realidad es que, si no sos un monje shaolin, lo más probable es que la relación mujer/suegra sea una mierda.
Los seres humano macho elijen a su hembra en función de alguna característica que le encuentren de su propia madre. Los más lúcidos, buscan una carbon copy de su progenitoria; y los mas tontos -la inmensa mayoría- se guían por alguna nonada y nosotras penando para NUNCA PODER CUMPLIR CON LAS EXPECTATIVAS DE LA BRUJA QUE LOS PARIO. Y, ojo, que no es que las expectativas sean demasiado altas, en general, son demasiado pocas…
Con el paso de tiempo, de generación en generación, el ser humano evoluciona, por lo que somos versiones mejoradas de nuestras madres y ¡obviamente! MUCHO MEJORES QUE NUESTRAS SUEGRAS. Así que, el intentar responder a las exigencias, implica un constante downgrade.
Pero la vieja bruja, todavía piensa que está un escalón por sobre nosotras, y se erige emperadora del pelo en el huevo, sistemáticamente encontrando errores donde no los hay, justificados por su retorcida lógica.
Hay zorras de varios modelos. La zorra que en su puta vida hizo nada es la más común. De esas hay dos tipos: La que se pasará el resto de sus días quejándose de los mishones de proyectos personales importantísimos que dejó de lado para formar una familia

“peroigualestoymuycontentadeladesición
quetométengounafamilia
hermosayesoesmásimportantequecualquierotracosa”

(esta la va de idiota); y la otra, que por el contrario, se pasó la vida de proyecto personal pedorro, en proyecto personal pedorro. El paradigma de la pedorrada se asocia, habitualmente a “clases”; variando entre pintura artística sobre diferentes superficies, a reiki, ballgym o teoría de las civilización asiria en gaélico, siempre con centro en cosas que NUNCA LA LLEVEN A TRABAJAR, pero que -como experta en pelotudeces que consiguió ser- le da la autoridad académica de pasar de tomar clases a impartirlas (esta la va de inteligente).
A veces podemos encontrarnos con la rara especie de la “trabajadora”, y de estas también hay dos tipos: la escasísima que ha trabajado de algo que le gustaba, con lo que se cree una mezcla de Andrew Wiles y el Conejo de Pascua, todo inteligencia y todo amor. Para ella, más vale que NUNCA tengas un mal día en tu laburo, ni un jefe de mierda, ni un/a compañero/a trepa, porque te enrostrará que

“esoesporquenotecomprometesporqueinteligencia
notefaltaperomasvalequedejesdeladoesarebeldíatelodigoyoque
mepaséXXañosenXXyséloquetedigo”

(esta la va de inteligente). El otro tipo de laburadora, es la que siempre tuvo que bancarse un trabajo que odió desde el minuto cero, ergo: odiará visceralmente que tengas aunque sea UNA buena anécdota del tuyo. Beware, entrá en función “la vida es una caca, todo el tiempo” para evitar ahogarla en una pileta de polenta (esta la va de idiota).
Ya muchas veces he aguantado los desplantes, los comentarios soretes cuando no hay testigos y he tratado de ser sumamente tonta, sumamente fea y sumamente intrascendente, como para mantener la armonía. He protegido a todos mis ex, al no contarle a ninguno cuanto me han desagradado sus madres, ni las maldades inmerecidas que me han hecho. Esto se acabó.
Voy a elegir la yunta con la base de que me agrade su puta madre, lo demás es accesorio. Y si alguien lee esto y alberga alguna esperanza de tener una relación sentimental conmigo, háganle leer esto a sus madres antes que nada, y avísenle QUE NO VOY A HACELE LA VIDA FÁCIL NUNCA MÁS A NINGUNA SUEGRA (con suerte, pagarán santas por pecadoras).

Una de dos (o de tres, o….)

La vida es una sucesión de malas elecciones y golpes de suerte. La mayoría de las cosas que elegimos son errores. Yo creo que el “libre albedrío” es el invento de Dios para cagarse de risa.
Por lejos, las mujeres somos de los peor que hay para optar entre dos cosas. Siempre elegimos el celular más lindo que no anda nunca, el jean más caro que con una lavada se decolora de una manera extraña, el corte de pelo que nos hace parecer un muñeca pepona, o el maquillaje de moda que nos transforma en Jean François Casanovas. El extremo lo alcanzamos en las elecciones sentimentales ¡Obvio!
Disponibilidad: Fulano, 38, divorciado, dos hijos 10 y 12, excelente posición económica, VW Passat 0km, buen mozo /Mengano, 41, soltero, sin hijos, excelente posición económica, BMW 99, muy piola.
¿Qué elegimos? Mengano “El inestable”, con un auto que compró la única vez que trabajó en su vida en la época del 1 a 1, y pasa sus días “de-boliche-en-boliche, me-gusta-la-noche, me-gusta-el-bochinche” esperando que se mueran muchas personas de su ascendencia para ver si agarra la guita o el control de alguna de las empresas de la familia, por las que cobra un sueldo sólo para que no se acerque. ¿Cómo lo justificamos? Es que Fulano “El ideal” tiene dos hijos y a esa edad son mucha responsabilidad, uno no está en condiciones de ser madrastra de dos adolescentes (?), además trabaja mucho y nunca tiene tiempo para nosotras, si es muy buen mozo pero la falta algo, le falta chispa, es muy quedado… Y así dejammos pasar la oportunidad buena y salimos corriendo atrás de cuanta porquería se nos cruce.
Es sabido que las hormonas hacen que pensemos todo como el culo, están hechas para que tomemos como bendiciones ciertas cosas que, a las claras, son desgracias -pero necesarias para la conservación de la especie- como el embarazo, la lactancia, el parto, etc. Con esa equivocada carga hormonal, elegimos las yuntas y así nos va….

A kid

Perdoname por decirte esto ahora, tantos meses después. Ya sé que no es el momento y que no va a cambiar nada, pero me pesa un poco.
Yo te busqué con Google y vos habrás visto mis fotos antes, ya sé que sabías que tenía una novia o algo. Pero hubiera dejado todo en ese momento, y vos no fuiste capaz de dejar nada, ni un momento.
¿Por qué no nos escapamos de la gente cuando pudimos? Ya sé que estás pensando que soy un nene, como todo el tiempo me decías, pero estuvimos de acuerdo en irnos de ese espantoso lugar. Tenía muchas cosas que contarte, quería que desayunáramos juntos y solos en mi habitación. Me imaginé que nunca ibas a enamorarte de mi -ni yo de vos-, pero tenía la esperanza de convencerte, algo…
¿Querés saber cuál fue el peor momento? Ya estábamos solos, era de día y casi no podías mantenerte despierta en el taxi. Volvimos abrazados y esto estuvo bien, ya estaba cerca ¡hasta bajaste del taxi para despedirte! Nos abrazamos de nuevo parados al lado del auto y te llegó el mensaje al celular. Claro que me imaginaba de quien era y no tuve ganas de meterme. Me sentí cobarde cuando entré y vos te fuiste porque no hice nada. Me sentí todavía más cobarde cuando me mandaste en mensaje de que habías llegado bien a tu casa, como te había pedido cuando nos despedimos.
Al día siguiente fue peor. Ya no estuvimos más solos. Quería que vinieras a cuidarme a la noche pero me dio vergüenza pedírtelo, aunque me lo ofreciste. Me sentí mal todo el tiempo hasta que te vi de nuevo. Después fue la despedida. Cuando te dejé me sentía peor que nunca y no pude evitar mandarte ese último mensaje, desde la furia: “que pasen una buena noche”. Ya sé, no fue muy maduro, pero tenés razón: soy un nene.