Me despierto, me levanto, busco y nada. No lo encuentro… ni un pelo. Voy al baño y después de pasarme un peine, uno solo que se desliza por mi brazo, haciéndome cosquillas, pero uno solo. Un pelo.
Abro la canilla para que se vaya calentando el agua. La pruebo, abro un poco la fría, me saco el pijamas y me meto a la ducha. Hago espuma con el shampoo, la enjuago, otro lavado, enjuago de nuevo la espuma que cae por mi espalda. Acondicionador, masajeo mi cabeza, me peino con los dedos. Seis pelos. Otro enjuague y siento como el agua tibia corre por sobre mi columna, desde la nuca. Dos pelos mas, que veo nadando en la bañera.
Me enjabono las piernas (me baño de abajo hacia arriba, nadie sabe por qué), subo con el jabón hasta mi cola y ¿qué me encuentro?… ¡Qué todos los pelos que se me cayeron se escondieron traicioneramente en la raya del culo!
Y no es que tenga yo un gran culo… digamos que tengo un culito ISO 9000, como para que no me duela cuando me siento en un banco de plaza, nada más. De nena, pelado, no es un gran culo peludo de macho cabrío…no señor.
Ahora ¿alguien puede explicarme por qué en las publicidades de shampoo muestran los pelos que se quedan en las almohadas? Si por cada pelo que se queda ahí, 160 se van a parar a la raya de culo.
Y ahí, donde la espalda deja de llamarse espalda, en el arranque del culito, un ovillo como para renovarle las extensiones a Marixa Bali.
Gracias a Dios que tengo un pelo hermoso, abundante y que solo se corta de los maltratos a que lo someto con secadores. Pero tengo un pelo rebelde, con ese tipo de rebeldía que hace que se corte y se arrastre cada vez que me baño a un lugar que no mencionan en las publicidades de shampu “control caida”.
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Ante determinadas situaciones el ser humano miente para salvarse, como lo hace el camaleón para confundirse en el ambiente cuando se siente amenazado. Una escapada de fin de semana o unas vacaciones altamente planeadas con un año de anticipación, pueden colgarse de un día para el otro, pero para eso hay que justificarse con los demás.
Tanto en hombres como en mujeres, existen varios niveles de excusa aunque tomen diferente forma –por una cuestión genérica, por supuesto-
H: Mi novia me encontró forros en la campera y ella hace años que toma pastillas. Estoy en gayola, perdón pero no voy a poder.
M: Siempre igual, me dijo que estaba todo bien, pero cuando yo tenía todo organizado le agarró fiebre y dolor de panza. Sorry, pero no puedo zafar e irme, no da.
Este nivel de excusa es el primario, sin esfuerzo. Apto para el 100% de los dejados en bolas, porque todos alguna vez sufrieron un berrinche de la pareja y tuvieron que cancelar para hacer un poco de buena letra. Aunque bastante difícil de creer, nadie se anima a cuestionarlo y se toma como bueno.
H: En serio boludo. Tengo un problema con los testículos, me dijo el médico que es raro pero que pasa. Me puse como una moto el otro día y se me subió, así adentro de la piel. Ni te muestro porque da impresión, tengo que estar en reposo con la pierna para abajo y ponerme hielo. Un garrón, por favor, no se lo digas a nadie que me cago de vergüenza.
M: Estoy re-mal. Hace unos días que tengo una pérdida –ya se me había ido del todo- y fui al gineco y me dijo que por ahí es algo en el útero. Me dio unos estudios que recién tengo turno la semana que viene y mientras tanto, reposo y tomar mucho líquido y nada de movimientos violentos. Por favor, no se lo digas a nadie que me da re-vergüenza.
Un clásico de todos los tiempos, los problemas con los órganos sexuales. Por supuesto que un chichón o una factura expuesta se ven y se muestran, pero nadie se animaría a pedir muestras de “esos problemitas de ahí abajo”. Apto para el 35% de los colgados más discretos, esos que no van a decir nada y cuando oigan la excusa del nivel 1, pensarán en su corazón que saben la excusa correcta PERO SOBRE SU CADÁVER DIRAN ALGO.
H: Me curtí a XXX. Si se entera mi novia me mata, tengo que desaparecer unos días y me la llevo a Cariló hasta que la loca de XXX pare de mandarme sms. Bancame en esta, no se lo digas a nadie. Te dejo mi celular y voy a decir que me lo afanaron. Gracias, te debo la vida.
M: Me curtí a XXX y le dije a mi novio que te lo habías curtido vos. Plissssssss, si te dice algo decile que vos le diste mi celu en lugar del tuyo porque me llenó de sms y no podía justificarlos. También le dije que me había puteado con vos por eso, así que por unos días ni da que nos juntemos. Gracias, te debo la vida.
Uno de los niveles de excusa más osados. Apto solamente para personas que nos deben alguna –o queremos cobrarle alguna que nos haya hecho- y convertirlos en cómplices de nuestra colgada. A diferencia de los del nivel 2, muy probablemente difundan el hecho a los cuatro vientos, lo que sustentará la excusa nivel 1 que dimos al 100% pero con un grado mayor de intimidad.
La realidad es que, con el correr de los preparativos y lo divertidísimo y fructífero que iba a ser:
podemos-todos-y-siempre-
dejamos-temas-colgados”,
se terminó invitando gente con la que “tal vez” no era tan entretenido tener que tratar en unos días de descanso. Por supuesto que tampoco es muy elegante andar diciendo: “Si, ya sé, estuve rompiendo las pelotas con este viaje y se me fue todo de las manos. Creo que prefiero estar solo/a mirando capítulos viejos de los Simpsons con el aire a fondo y tomando Granadina”. Lo que, en definitivas cuentas, es la más pura verdad.
Desde que las modas pasan rapidísimo, ya casi no es definible la palabra “moderno” y hoy es sólo sinónimo de “clásico”. Pero el clásico también es indefinible, desde que desapareció el Imperio Romano.
Para no confundirse y andar haciendo antigüedades, hoy 11 de diciembre, les paso lo más IN y lo más OUT. Después no digan que no sabían…
Qué es moderno:
- Tomar Campari con naranja.
- Jugar squash.
- Tomar vino tinto con TODO.
- Comer achuras y alimentos ricos en colesterol.
- Qué los hombres dejen pasar primero a las mujeres.
- Tener una Wii
- Tener casa de fin de semana pero NO VIVIR EN UN COUNTRY.
- Tener abogado y contador mujer.
- Los electrodomésticos de acero inoxidable.
- Skype.
- Las zapatillas Flecha o Topper.
- Las mujeres maquilladas y los hombres de pelo corto y prolijo. El look película de James Bond.
- No fumar, ni drogarse.
- La ropa sin marca exterior (excepto el lagartito de Lacoste).
- La Kabala y la comida kosher.
Qué es antiguo:
- Los tragos con frutas (excepto limón, naranja o lima).
- Fumar habanos, cigarrillos o marihuana.
- Jugar golf.
- La comida bajas calorías.
- La joyería de oro o plata rodinada.
- Etiqueta Negra (gracias Marcelo Hugo).
- Que la cartera no combine con el calzado en las mujeres, o el cinto con los zapatos en los hombres.
- El MSN Messenger.
- Las fajitas, los tacos y toda esa comida que se cae cuando intentás comerla.
- El yogurt.
- El tránsito lento y los laxantes.
- El olor a Confort/Vievere/perfume-de-ropa en la ropa.
- El café torrado.
- Los dopamínicos y los ansiolíticos.
- El sushi y el Feng Shui.
Gran cantidad de los asistentes a la SONICO BLOGGER FEST entenderán de que viene esta foto.

Estos blogs a los que les interesa el país, han hecho reviews del evento.
A Big Door
No Me Parece
Notas: Si, sigo saliendo con Joel. Si, va en serio. Esto lo aclaro porque sé que una parte de macherío 2.0 alberga aún alguna esperanza de enroscarse conmigo, y es al dope.
Salió del gimnasio de paso en Buenos Aires, con el bolso lleno de ropa y toallas sucias, y un aspecto casual de bailarín clásico de torso erguido. Nada había de casual en su apariencia, luego de haber pasado toda la mañana buscando ropa deportiva de moda y sexy.
Otra vez ese molesto tirón en el estómago, bien dentro de su plexo solar, entre los órganos. No podía controlarlo cuando pensaba en ella, y ya llevaba una década de no sentirlo al subir al escenario. Eso era la manifestación corporal del miedo. No era amor, ni calentura, era temor puro. Temía a Chipy como al escenario a los 14, pero ahora era capaz de rematar el Bolshoi por pasar una noche abrazado a esa flaca, toda sonrisas, que odiaba el ballet, la ópera y los musicales. Él, que se daba el lujo de despreciar por viciosas a las codiciadas herederas de The Hamptons, perdido de la vida por la morocha con olor a humo de cigarrillos y ojeras de cinc.
-Llegaste, nene. Hoy vamos a ir “deeper underground”- le dijo cuando se encontraron en Defensa y Humberto Primo.
Después de una tensa caminata, ella abrió la laptop en un banco de Madero Este. Conectó cosas. Entro en Google Maps –Buenos Aires, Plaza de Mayo- y, de a poco y en silencio, llegó en la pantalla a mostrarle el techo de la casa donde él había nacido.
-¿Ves? esto es lo que perseguís, lo que te seduce. No me engaño, no soy yo-
Él le dio un beso grande, en la boca, muchas gracias y se fue.
Pensó que Buenos Aires era la chica 14 años mayor que él, medio sonrisa, medio vicio, mucha astucia, que extrañaba viviendo en Nueva York. Lloró un poco. At least, I have her love… cantaba para adentro.
Uno durante el invierno deja descansar ciertos órganos para no desperdiciar energía necesaria para mantener el cuerpo a 37 grados.
A los primeros calorcitos –lo más traicioneros- esos órganos se despiertan con furia, proveyéndonos de situaciones desagradables, cómicas o hasta tristes.
El primer sentido que alerta del cambio es el olfato. Empezamos a oler el champú en las cabezas recién lavadas –claro, ahora se puede salir con el pelo mojado sin riesgo de muerte por gripe-, el exceso de desodorante –no saqué la ropa de verano y estoy chivando como un beduino con la tricota- y el infaltable olor a pedo en el colectivo –todavía no da para andar con todas las ventanillas abiertas “porque fresquete todavía hace”-.
El segundo sentido que perturba es la vista. Nos vemos gordos, fofos y demasiado blancos, vemos de nuevo al sexo opuesto –pedazos de piel de los brazos, las manos, alguna pierna, cuellos-, vemos que el pasto en el jardín está demasiado alto y abandonado, vemos que NO VEMOS NADA con el parabrisas del auto medio sucio a la tardecita –antes era de noche cuando encarábamos para casa o a buscar la prole a la escuela-.
El tercer sentido es el oído. Oímos a los vecinos fornicar ruidosamente –estos soretes viciosos ahora dejan la ventana abierta ¡qué da al pozo de aire del edificio!-, oímos el reaggeton del taxi vacío que para al lado nuestro en el semáforo, oímos “de patio a patio” como Hebe lo tiene cagando a Norberto –chusmerío que ameniza la cortada de la selva amazónica en que vimos que se convirtió el jardín-.
El despertar del tacto me da un poco de asco hasta de pensarlo, lo vamos a evitar. El gusto no sufre modificaciones porque, gracias a la investigación científica, los duraznos, la sandía, las naranjas, la papa y la batata, las peras, los kinotos, los morrones, las berenjenas, el apio y las manzanas tienen todos el mismo gusto –gusto a nada-.
Así como hay sentidos que se recuperan, hay otros que se duermen como el sentido común.
En alguna parte de nuestro enorme y desaprovechado seso, tenemos un pequeño sesito de ave que hace que sintamos la misma desesperación avícola por procrear en ésta época del año. Como el resto de nuestro seso humano manda –muchas veces- dejamos a los pajaritos lo de la reproducción, pero igual queremos copular como gorriones. Bien por los que tienen pareja, que les aproveche…pero hay una enorme cantidad de boyas que abandonan todo tipo de amor propio –o ajeno- o pudor y se lanzan aleteando a conseguir un polvo.
(Tengo un problema con los finales, así que este post termina acá, como un hachazo. ¿Qué otras cosas estúpidas acarrean los primeros calores? Colaboren, che.)