Archivos de la Palabra clave

La historia sin fin (con el dragón que parecía un perro que volaba)

En este espacio debería escribir alguna de las historias de misterio que tanto les gustan a mis lectores habituales.
Esas que hablan de mugres, sensaciones y sentimientos ocultos; de calenturas reprimidas, de eventos, de gente que conocen y gente que se imaginan… de la vida en las redes sociales, de internet, del filo, del levante y de la vida real.
Historias de cómo me desubiqué con alguien. De cómo alguien se desubicó conmigo… De un beso en el pasillo de un bar, de un encuentro a media tarde en un telo del Gran Buenos Aires; de un beso que no se animaron a darme, de uno que si di; de un beso que nunca debieron darme, uno que debí dar y una duda que permanecerá para siempre…
De alguien que pensé que era pero no es, del que pensé que NO pero era SI… De idas, venidas, llegadas, persecuciones, escapadas, porciones de pizza, cerveza, sidra, vino y ron con coca. De autos, colectivos, taxis, caminatas eternas y fastidios efímeros.
De lo que se imaginan, de sus fantasías y de la realidad que siempre supera la ficción.
He vuelto reca(r)gada. Ahora empiezo otra vez.

Joie de vivre

Me gustaría agarrarte las manitos y decirte que está todo bien, que no te preocupes y que disfrutes. Me gustaría abrazarte, acariciarte la cabeza y reírme con vos de tus malasangres. Calmarte de ese mal humor y preocupación por el mundo.
Me gustaría tirarme con vos, abrazados, en un sillón a ver la película de South Park, para enseñarte a reir de las cosas que no tienen solución. Hacerte mimos.
Pero hoy no. Hoy es un día de mierda. Un día de esos en los que todo está como la puta madre de mal.
Hoy, si te querés tirar abajo del tren… avisáme que te empujo. A los dos nos va a venir bien la descarga.

La isla de la fantasía

Como cuando ves una película y te creés el personaje. Y a la noche soñás que sos un extraterrestre que dejaron de bebé en un canasto en la casa de tus viejos, y ellos no te dijeron nada. Que por eso sos “raro”. O que tenés superpoderes. O que en cualquier momento cobrás una herencia de un familiar que no sabías que tenías. Y la lista de pavadas sigue… y dura hasta que ver otra serie u otra película.
O un libro. De esos en los que la trama te atrapa y te gustaría meterte y salvar al personaje. O de esos personajes que te enamorás, y empezás a encontrar parecidos a ex-parejas -pero un poco mejores, claro-… y dura hasta que te recomiendan otro libro, porque ese terminó.
Pero con los blogs es distinto. Los blogs no terminan (bueno, olvidémonos de esos blogs que nacen como proyectos de multimedios, en los que cientos de personas se comen un tremendo buzón de una mina que… bleh, no me hagan hablar), siguen… un post atrás del otro… y a veces no es ni una historia, es un puto momento que te robaron… porque CLARO ese post habla de vos ¡me estás hablando a mi! decime la verdad ¿pensaste en mi cuando lo escribiste? ¿soy yo? ¿yo te caliento? Pero no te da dejar un comentario, o mandar un mail y preguntarle al autor. Pero algo hay ¿no?
Sobre todo si soy yo, y me conocés. Si me viste en unas cuantas reuniones. Hasta una vez, haciéndote el boludo, me tocaste el culo (y yo me hice la boluda también, y aquí no ha pasado nada).
Claro, por supuesto que lo escribí por vos. O no. Viste como es esto.

Cadena alimentaria

Había una vez un chico, al que le gustaba una chica. Pero esa chica tenía novio. Pero un poco lo histeriqueaba. Pero no se separaba. Pero lo seguía histeriqueando.
Entonces el chico pensó que mejor apuntaba a otro lado. Entonces empezó a histeriquear a otra chica. Y esa chica no tenía novio. Y le siguió el juego. Y el chico se agrandó, porque no pensó que la chica le iba a dar bola. Pero la chica estaba entusiasmada. Y el chico pensó que -aunque se dio cuenta de que no le gustaba nada esta otra chica tan instantánea- no era un mal plan. Objetivamente, hasta era mejor que la chica que le gustaba originalmente.
Entonces la primera chica se enteró. Y se dio cuenta de que le gustaba el chico. Que lo había estado histeriqueando por meses porque su relación con el novio no daba más. Que había que empezar a hacer cambios. Que ya tenía edad. Que no iba a desperdiciar su vida con un tipo que no le movía nada. Y se separó del novio -que se lo tomó mal, que le dio un sopapo y salió arando dejándola parada como una pelotuda-. Y decidió jugarse por el chico que le gustaba.
Y ahora el chico tenía que deshacerse de la segunda chica. Pero la chica no se daba por enterada. Como que se había vuelto completamente idiota. Igual no iba a dejar pasar la oportunidad con la chica que realmente le gustaba. Entonces salieron. Y se besaron. Y no paraban de reírse y se dio cuenta de lo distinto que era cuando estaba con una chica que le gustaba y cuando volvía a la casa no podía parar de preguntarse ¿Qué carajo había pasado con la segunda chica?
Y la respuesta se le caía en la cara. La segunda chica no era real. Él nunca le importó nada a la segunda chica. Siempre se había cagado en él. Era cierto, no podía darle bola. Estaba en otra liga. Le había seguido el jueguito porque ella también necesitaba una excusa. Y no podía dejarlo ir porque no podía estar sola. Porque si estaba sola quería decir que podía estar con otro. Y si ese otro ya estaba con otra iba a ser todo muy sangriento. No necesitaba un novio, o un chongo, o un amigo. Necesitaba una coartada. Y no estaba dispuesta a sacrificarla porque el chico estuviera enamorado de la chica de la que siempre supo que estaba enamorado y no de ella. No.
Y otra vez…

Pronóstico Reservado

- ¿Vamos a fumar afuera?
- Uhh, acabo de volver.
- Dale, acompañame.
- Bueno… vamos..

- Sos la única persona con la que quiero hablar. Raro ¿no?
- Si, raro. Hasta hace unos días no me hablabas, ni pensé que podía gustarte. Bah.. ¿te gusto? Raro es que estemos acá solos. ¿Por qué me tuviste agarrada de la mano desde que llegué?
- Si, me gustás, como a todo el mundo, como todas las minas lindas (sonrisa) Nada especial. ¿te molesta que te agarre la mano? Siempre estás abrazada con alguien, hasta en las fotos. Pensé que no te molestaba yo en particular. Qué se yo…
- Ok, entonces no te gusto. Seamos claros que estamos grandes los dos para estas pelotudeces.
- Eeehh, pará. Me parecés una linda mina, me gusta charlar con vos…escuchame… pero a mi como que me gusta otra persona…
- No tenía ni ganas de encender este pucho, mierda, me voy para arriba.
- Pensé que sabías, que el bocón de Mariano te había contado ya.
- Mariano no me habla. Me voy para arriba que tengo sed.
- Me gusta… mucho… Conz…
- Ok, for the record: nosotros dos no somos amigos y no me importa un carajo tu situación emocional que no me involucra… for the record…
- Pará… ¿te enojaste?
- No-para-nada, si estoy regia…

ThE lOoP

Y ello hizo que me irritara, pero sobre todo conmigo mismo, como cuando te metes en una situación idiota y comprendes que es idiota, y quisieras salir de inmediato, porque sabes que, cuanto más insistas en afrontarla intentando dominarla, más idiota se volverá, arrastrándote a una idiotez sin salida.

Se está haciendo cada vez más tarde, Antonio Tabucchi. Trad.: Carlos Gumpert, Ed. Anagrama (2002)

Gore, Al(l) Gore

En el hemisferio sur arrancamos con la época del calentamiento global: se calientan los volantes de los coches estacionados en las playas de los supermercados, se calientan las baldosas del patio, se calientan las ojotas que nos sacamos para tomar sol. Pero también se calientan los seres humanos.
Se calientan con las fotos que empiezan a aparecer de mujeres en bikini/hombres en zunga tomando sol todos aceitados. Claro, hasta la foto está todo bien, pero resulta que “en vivo y en directo” la cosa cambia.
Después de untarte con diversos productos cosméticos -protector, pantalla, bronceador, acelerador, aceite, iodo, coca-cola, té de ruda- para la foto sos un crack, pero entrás a largar un olor a desechos nucleares que hasta el perro, que recién te jugueteaba, te empieza a mirar con un cierto asco. Olores que empeoran cuando esos inventos del demonio comienan a mezclarse con los “olores naturales” del cuerpo, porque con un poco de sol se transpira como un beduino y hasta Rexona te deja a pata, convirtiéndote en una mezcla de bifes encebollados-cuero de oveja-banana-coco-durazno-parrillada completa.
Ahí es cuando salta alguno diciendo “A mi no me importa, porque yo ya me hice moco la nariz con la cocaína y no huelo nada”. Para vos, amigo drogadicto, también hay problemas, porque uno es un asco al tacto. Un gusano grasiento y resbaladizo, como un miembro con condón pero sin miembro, sin condón, con el olor detallado antes y probablemente un poco de tierra o arena pegado.
Y no… tirándote a la pileta, al río o pegándote un maguerazo, tampoco se mejora. Porque agregás olor a cloro-almejas-surubí-verdín-caucho caliente, y cuando te das cuenta de que se te salió todo el bronceador, la ceremonia arranca de nuevo pero sobre el residuo de lo anterior.
Ya sé que hay un cierto público para “2 Girls, 1 Cup” y estas cosas les pareceran nimiedades infantiles; pero yo, como buena fan de Rocco, prefiero que el chongo en zunga tome sol solito y me lo dejen recién bañado, afeitado, con camisa blanca y dos vasos de Campari en un lindo bar a las 9 de la noche (mínimo).

(Y las mujeres no son angelitos de Dios, eh. Que también juntan mugre y olores como los chongos, pero con diferente balance ;) )

Problemas alimentarios

Embutirse con papa hervida o batata, masticar poco, tragar -rápido-.
A la altura del píloro un profundo dolor punzante, como un harikiri de papa que dura unos dos o tres minutos en los que no podemos ni pensar, ni tragar, ni respirar y nos movemos como una víbora para ver si podemos acomodar el cascote (mientras pensamos “Pero qué idiota. La próxima como más despacio. ¿Se solidifica la papa con los ácidos gástricos? Si pudiera tomar un poco de agua disuelvo la bola esta hijadeunagranputa. Bueno, bueno… ya pasa”)

Pegarle un tarascón al helado, uno grande y a boca llena y tragar -rápido-.
En el eje que une la frente con la nuca un espantoso dolor como si la cabeza nos fuera a reventar. Como si tuviéramos un puñado de petardos explotando en el medio del seso, fruncimos toda la cara y apretamos la mandibula (mientras pensamos “Mmmm, pero qué idiota. Y ahora encima me duelen los dientes. ¿Por qué duele la cabeza mierdacarajo? En la boca no se sentía tan frío. Bueno, bueno… ya pasa”)

Comer unos pickles y respirar al tragar -rápido-.
Una corriente eléctrica que va desde la campanilla y la parte de atrás del paladar hacia la punta de la nariz, como si hubiéramos tragado un puñado de alfileres. Nos lloran los ojos, echamos la cabeza para adelante y no podemos respirar, ni hablar, mientras hacemos un gesto confuso señalando nuestro vaso -que seguramente está vacío- (mientras pesamos “Pero qué idiota. Siempre me pasa lo mismo con las cosas con vinagre. Encima no puedo hablar y seguro que estoy poniéndome morado. PorelamordeDios que no me agarre hipo. ¿Cuánto aguantaré sin respirar? Bueno, bueno… ya pasa”)