- Te encanta, eh…- dijo con una media sonrisa, señalando con la cabeza.
- Si, me encanta. Pero es al pedo, nunca va a pasar nada-
- ¿Por? Andá y encaralo mal, para que se avive.
- No quiero encararlo y no quiero que se avive. Quiero que yo le guste y punto, como cualquiera.
- ¿Ahora me vas a decir que estás enamorada aunque lo hayas visto un par de veces? No embromes, es una calentura de esas que quedan por la mitad, no es amor.
- No, no es amor, tenés razón. Pero tampoco es calentura. Es una profunda fascinación: quiero tenerlo, quiero tocarlo, quiero que me mire con cara de ternero degollado. Quiero que exista la posibilidad de que lo ame, aunque sea un par de horas en algún momento.
- No entiendo qué es lo que te gusta. No entiendo que es lo que les gusta de él a las mujeres.
- No entendés porque lo ves todos los días y no te gustan los hombres, creo- se dio vuelta para mirarlo por primera vez desde que empezaron a hablar- Es suave, tiene pinta de suavecito. Fijate las manos blancas y lisas, el pelo es suavecito, la cara… dan ganas de tocarlo. Por eso es que lo quiero para mi, para tocarlo, y a la vez me da un poco de miedo perderme con él.
- Como un Ipad.- interrumpió al borde de la risa
- ¡Cómo un Ipad, tal cual! Lo quiero como quiero un Ipad, para lo mismo… no es que lo ame, pero tampoco es calentura.
- Estás loca, me caés simpática. ¿Si tuvieras un Ipad, cómo le pondrías?
- Mmm, le pondría Nene, me parece lógico. Para tocarlo.
- Bueno, pará de ver ese video que me pongo celoso. No soy tan moderno. Lo único que me deja tranquilo es que el que está en éste cuarto de telo con vos soy yo, y aunque nazca de nuevo cien veces el nene es incapaz de encararte y solamente te queda ese videíto en que casi no se lo ve entre la gente ¿Te parece que alguien sospecha algo de nosotros dos?
- Full metal jacket ¿qué van a sospechar? Si todos piensan que sos gay y que andás atrás del nene.
Tag Archive for 'mujeres'
- Mi mamá me mintió.-
- Lógico. Te miente porque es tu mamá.-
- Todas las mujeres mienten. Mienten todo el tiempo. Yo veo como mi mamá le miente al tipo con el que está.-
- Si. Todas las mujeres mentimos. Todo el tiempo. ¿Todavía dudabas?.-
- Bueno, todas y todo el tiempo, no. Vos a mi no me mentís, no da… somos amigos. ¿No?-
- Si. A veces te miento, obvio.-
- ¡No! ¿Cómo me vas a mentir? Somos amigos…-
- No creo en la amistad entre el hombre y la mujer.-
- Cierto. Bueno… ¿eso quiere decir que podemos tener sexo?-
- …
- No es que digo “YA”… digo, algún día… che ¡vos me mentís! acabás de decirme eso…
(inspirado en una charla con Maru Bregliano y Ale Benevento)
-Vení- estirando la mano para agarrarla.
-¿Qué pasa?-
-¿No querés que estemos juntos, casarnos o irnos a vivir juntos?-
-¿Estás loco? Ya probamos, ya nos separamos y ahora tenemos una buena relación. Conseguite una chica que sea “más para vos”- respondió con una sonrisa que escondía un poco de resentimiento.
-No hay. No hay una chica para mi. Y cada vez que nos vemos pienso que quiero una chica como vos… y al rato me doy cuenta de que la tuve, que me gustaba… pero la cagamos-
-Es cierto. Fue. Además ahora yo estoy con alguien.-
-Ya sé. Pero no es serio-
-¿Quién te dijo que no es serio? A mi me gusta en serio…-
-No. A mi no me jodas. “Eso” no puede alcanzarte. Es un proyecto de hombre, una porquería al lado tuyo…
-¡No seas una mierda!- lo paró a la mitad de la frase, casi con un grito- ¿Qué te pasa? Primero, vos no sos así; segundo, no me digas que vos no estás con nadie.-
-Si ya sabés con quién estoy. No hace falta que te hagas la tonta. Pero es insoportable, un proyecto de “mujer intelectual”, de lo único que habla es de los “derechos” de vaya-a-saber-quienes, y encima se viste como el cadete de la empresa. Me da vergüenza TODA ELLA.-
-Es muy parecida a tu mamá…-
-Bueno, no me gusta mi mamá. Yo no soy como mi papá. Él siempre tuvo un gusto de mierda para las mujeres.-
-La verdad, te oigo y te desconozco. Estás muy cambiado.-
-Es cierto, maduré en este tiempo. Por eso: ¿por qué no nos vamos a vivir juntos? Yo no quiero ponerme a buscar alguien que me guste más que vos.-
-Eso sería conformarse con lo que hay. No aspirar a nada mejor…-
-Para la ambición tengo el laburo. No puedo distraerme con otra cosa. Ya me conocés esa faceta… pensalo… es una buena idea. Yo te quiero, lo demás va y viene. Tendríamos que ir liquidando nuestras “historietas sentimentales en curso” las próximas semanas.-
-¿Se acabó el vino?-
-Ya pido otro… ¿Compartimos un postre?-
Un clavo saca a otro clavo.
Un genio. Un genio el que pensó esa frase.
¿Alguna vez intentaron sacar un clavo con otro clavo? En serio… Bueno, es una pelotudez supina. Al cabo, terminás con dos -o más clavos- firmes y la madera hecha moco. Y ni hablemos de sacar un clavo de una pared o de otra superficie menos “gentil” que la madera…
NO funciona. Un clavo no saca a otro clavo. Otro clavo acompaña a los clavos anteriores. Y vamos sumando clavos. Y el problema se agranda.
Entonces, lo de que “un clavo saca a otro clavo” es una pavada tanto en sentido estricto como figurado.
No insistas. Yo quería una tenaza.
Como cuando ves una película y te creés el personaje. Y a la noche soñás que sos un extraterrestre que dejaron de bebé en un canasto en la casa de tus viejos, y ellos no te dijeron nada. Que por eso sos “raro”. O que tenés superpoderes. O que en cualquier momento cobrás una herencia de un familiar que no sabías que tenías. Y la lista de pavadas sigue… y dura hasta que ver otra serie u otra película.
O un libro. De esos en los que la trama te atrapa y te gustaría meterte y salvar al personaje. O de esos personajes que te enamorás, y empezás a encontrar parecidos a ex-parejas -pero un poco mejores, claro-… y dura hasta que te recomiendan otro libro, porque ese terminó.
Pero con los blogs es distinto. Los blogs no terminan (bueno, olvidémonos de esos blogs que nacen como proyectos de multimedios, en los que cientos de personas se comen un tremendo buzón de una mina que… bleh, no me hagan hablar), siguen… un post atrás del otro… y a veces no es ni una historia, es un puto momento que te robaron… porque CLARO ese post habla de vos ¡me estás hablando a mi! decime la verdad ¿pensaste en mi cuando lo escribiste? ¿soy yo? ¿yo te caliento? Pero no te da dejar un comentario, o mandar un mail y preguntarle al autor. Pero algo hay ¿no?
Sobre todo si soy yo, y me conocés. Si me viste en unas cuantas reuniones. Hasta una vez, haciéndote el boludo, me tocaste el culo (y yo me hice la boluda también, y aquí no ha pasado nada).
Claro, por supuesto que lo escribí por vos. O no. Viste como es esto.
No todos los besos están buenos.
Casi nunca hacés más rápido en taxi.
El edulcorante tiene gusto a edulcorante.
No siempre un polvo es mejor que una paja.
A los mosquitos no les importa nada que uses OFF!.
Un cachorro de tigre es precioso, uno de humano es horrible.
A las mujeres nos desagrada que nos digan “Bebé” en el 98% de los casos.
Hacerse el boludo requiere más esfuerzo que ser aparentar ser inteligente. Y si te sale bien -cualquiera de las dos cosas-, probablemente seas un boludo auténtico.
Es inhumano tener que aguantarte tus crisis existenciales, tu almost emo-style circus.
Es insoportable aguantar tus ataques de celos conmigo cuando vos te la pasás coqueteando con todo el puto mundo, sobre todo cuando estamos juntos.
Es desconcertante tu manía esquizofrénica de querer ser superstar-top-of-the-world-wizard e inmediatamente sufrir porque querés ser una persona normal y nadie te entiende.
Es asombrosa tu capacidad de rodearte de la gente más pelotuda que existe, tus esfuerzos para que sean aún más pelotudos, tu agenda para pasar el mayor tiempo posible con esas personas y la máquina de criticarlos en la que te convertís al primer minuto en que no estás con ellos.
Es increíble tu falta de iniciativa y voluntad en casi todos los campos; sobre todo en la cama que -en teoría- es tu mayor crédito.
Y a pesar de todo eso, muchas veces acertás con lo que decís, como cuando decidiste dejarme. Tenés razón: no soy yo, sos vos… un embole atómico.
(Especialmente preparado para poder copiar/pegar en un mail y enviarselo alegremente a cualquier persona que nos haya dejado. Sirve tanto para hombres como para mujeres y cualquier tipo de relación sentimental. Aún si no se cumplieran todos los puntos con el/la ex en cuestión, nadie nos va a dar una medalla por la honestidad y la justicia; además, el despecho justifica cualquier exageración
De nada)
Yo creo firmemente que debería existir el Día del Hombre. Pongámosle el segundo miércoles de abril, por ejemplo. No puede ser una fecha fija porque todos sabemos que las fechas son más difíciles de recordar -a no ser que tengas una retorcida mente calendario femenina-.
¿Y por qué miércoles? Porque es el día de las divorciadas. Es el día que le encajan la progenie a sus respectivos progenitores y salen con los jeans ajustados, las blusas con escote y los cinturones anchos a reventar la noche en las los bares “de solteros”, para hablar a los gritos de los ex, con el pelo planchado de peluquería y las uñitas francesas recién hechas. Qué mejor que un miércoles para que los hombres puedan disfrutar de su salida de fauno, a calentarles los motores a esas mujeres “super feministas y emancipadas”, deseosas de reestrenar sus tetas recién puestas con la plata que sacaron del divorcio, una vez por semana con un chongo cama afuera (porque ya se dieron cuenta que con cama adentro, se rajan igual).
Claro, y ahora me preguntarán qué hacen los hombres que tienen hijos y están divorciados y les toca de baby-sitter el Día del Hombre. Pues sencillísimo si le ponemos un poco de onda: habrá que hablar con la dirección de la escuela para que organice un viajecito de estudios -con pernocte- a algunos de los boludestinos que están tan de moda en la nueva escolaridad (si, esa de ahora, en que los actos del colegio se llaman “concerts”); porque la institución no va a desperdiciar la oportunidad de quedarse con un “retorno” de los proveedores por estas actividades extracurriculares que tanto bien hacen al nuevo paradigma educativo. Y, a empomarle alegremente los críos a alguna maestra/profesora solterona que nunca falta, un profesor de educación física para que los reviente caminando y algún padre acompañante que, movido por su ferviente religiosidad, reniegue de la fecha patria instituida.
Para los hombres solteros la cosa anda muy lisa. Los divorciados, el viajecito de estudios. Y los casados… bueh… harán lo mismo que hacen para el Día del Amigo: colgarán de un clavo a sus esposas y saldrán a mamarse, hablar guarradas, intentar -o conseguir- ponerle un par de cuernos a sus parejas y volver entrada la mañana, con un par de manchas de fernet en la ropa y un par de bollos inexplicables en el auto familiar.
Lo maravilloso de la institución del Día del Hombre es que no necesita mayores preparativos porque, como dicen Chorolo y Su Combo, la cosecha de mujeres nunca se acaba.
Hay tipos y tipos. Y minas y minas.
La dabilidad -o cualidad de dable- obedece a ciertos factores o situaciones que no necesariamente está asociado a la cantidad de alcohol ingerido o la altura de la noche en la que uno se encuentre.
Por supuesto, que hay sujetos que le tiran -y luego le dan- a cualquier cosa que tenga maomeno 36grados y otros sujetos que -excusados en “selectividad” o “timidez”- eluden la posibilidad de revuelque con cualquier cosa que tenga maomeno 36 grados (y no sea su mascota o la bolsa de agua caliente). Pero, por regla general, la dabilidad es un coeficiente que se extrae de la combinación o sustracción de ciertas cualidades del objeto “a dar” y la situación personal en que se encuentre el “dador”.
Desesperación etaria: En la mujer suele estar asociado a la “necesidad” de enganchar un padre para su progenie, un compañero para una fiesta próxima a la que todas las demás irán acompañadas o, en el caso extremo, es la única soltera del grupo. A fuerza de convencerse de que fulano es el “hombre ideal”, encontrará dable cualquier cosa y luego llorará porque sigue soltera porque, efectivamente cualquier cosa era cualquier cosa.
oferta masculina global/ (Mujer + evento define sit soledad) = cualquiercosa
En el hombre, la desesperación etaria, se asocia a que todos sus amiguitos de fútbol o de salidas empiezan a abandonarlos los sábados a la noche por quedarse con revolcadaaseguradaconnovia o porque empiezan a abundar los hijosdeamigos y sus anécdotas, mientras él cuenta las cosas que hizo el gato. Para cubrir el sentimiento de grupo, bastará con que la candidata sea limpita y medio calladita para convertirse en noviaoficial.
(oferta minalimpita + calladita) x (Hombre + evento define salesolo) = novia
Esto se veía aproximadamente a los 30 años, pero las estadísticas demuestran que se está adelantando.
Desesperación económica: En la mujer aparece cuando nota que las salidas de levante le están saliendo un huevo, y la financiación de una charla sobre el tránsito lento de sus amigas en el bar de moda le salen más cara que el posgrado con el que podría ascender de laburo -y cobrar más para poder seguir saliendo-. En este caso elegirá darle, no tanto al que esté en mejor posición económica o tenga más proyección, sino al que más solícito se halle a pagar la/s cuentas. Total, después del posgrado se conseguirá su superchongoenunbarcaro porque podrá pagarlo.
(Mujer x evento define caro) + hombrepagador = novioprovisorio
En el hombre, la dabilidad está dada por el “vivís sola?”. El sujeto está lleno de pagar la nafta, los tragos y los telos, entonces busca una sujeta con la cual hacer el “cenashowromántico” porque sabe que A) un delivery de sushi, B) dos velas Ranchera y C) un paquete de Prime cuestan muy poco; a la vez que se ahorra la limpieza y orden de su propia cueva o tener que echar a su amigo para que le deje el bulo -con la consecuente erogación para que no lo mate- o esperar a que se vayan papáymamá al country y le dejen la casa sola. En contra de la desesperación económica femenina, la masculina puede derivar en un haaaaaaaaarmoso matrimonio o conviviencia -si le permiten dejar el cepillo de dientes, un desodorante y le hacen lugar en un cajón-.
(Hombre x evento define polvocaro) + minaconcasa = novia
(Hombre x evento define polvocaro) + (minaconcasa + llave + cajón + cepillodedientes) = casiesposa
Para esta situación no hay edad, pero se da con más frecuencia entre los 20 y los 27 años.
// Continuará…