Monthly Archive for April, 2008

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Monoblocks modernos

Yo no sé si nadie se dio cuenta, o si todos estamos haciéndonos los boludos, pero me parece que hay una revalorización del “monoblock”.
La “casa chorizo” en propiedad horizontal ahora es una “casa cubículo” con título de piso, semipiso o medio semipiso -he visto varias veces llamado así al poco canchero “uncuartodepiso”-.
Los modernos “complejos habitacionales en altura” -ex a.k.a. monoblocks- son el TOP DEL FASHION.
Estos palomares de muchos pisos, varios edificios por loteo, con enormes playas de estacionamiento a nivel -bueh, le pusimos unas subterráneas también porque hay más de un R12 por unidad-, cerco perimetral y la clásica “canchita polideportiva” reemplazada por un SUM.
Así que la próxima vez que te encuentres en una situación comprometida con algún malviviente que te diga “dametoloquetenéotequemo” podrás largarle:
-Maestro, no tengo un cobre. ¡Si vivo en lo’ monoblo’ de Palermo!

Fallos en La Matriz – III

Viene de Fallos en La Matriz I y Fallos en La Matriz II (pero esto se está haciendo un clásico).

  • Las servilletas “plastificadas” de las pizzerías.
  • Los EMO.
  • La pésima atención en los AROMA CAFÉ de Buenos Aires.
  • El Motorola U6 (Pebble)
  • A fuerza de cirugías plásticas Silvana di Lorenzo y Fernando Bravo están idénticos.
  • Las celosías plásticas de seguridad en los ascensores antiguos.
  • La programación del Teatro Colonial de Avellaneda.
  • La feria artesanal fu-man-chú de la puerta del Teatro Gral. San Martín.
  • Los cenicero plásticos que se queman con los puchos.
  • Los pañales que aguantan 12 HORAS.
  • Las barritas de pescado.
  • El cambio de denominación de “pensión familiar” a “hotel boutique”.
  • La densidad canina en Palermo Chico.
  • Las “almohaditas” de avena rellenas de… cosas.
  • El olor a ferretería.
  • XXXXXXX Por Un Sueño (reemplazar XXXXXXX por cualquier gerundio de la lengua española).

Urban VGA – XIII

Jules Verne.

Time after time

Dos de las estaciones más agradables del año acarrean dos de las peores molestias: alergias y mosquitos idiotas.
En primavera están los bocetos de mosquito. Unas porquerías chiquitas y grises que aparecen después de las lluvias. Como son grises y no saben volar, están como flotando en el aire, lo que hace muy difícil su eliminación. Ahí es cuando prendemos la pastillita, y como estamos que reventamos de la alergia, se nos hinchan los ojos y vemos aún menos para matarlos.
Para cuando empieza el verano, los mosquitos crecieron y se perfeccionaron, ya nos convencimos de que “la pastillita” no sirve para nada y, alternativamente, nos untamos en OFF o en Caladryl. Esos monstruos negros dividen su corta vida en picarnos o aletearnos en el oído cuando pretendemos dormir.
Termina el verano y empieza el otoño: lluvia, refresca a lo pavote y renace nuestra ilusión de una vida mosquito-free. Pues… ¡PISTOLA!
Porque con la lluvia se hicieron millones de incubadoras de bichos y, en la primera recalentada, aparece el segundo modelo de idiota. Insistimos con la pastillita porque los vemos más débiles –y mucho más débiles estamos nosotros, por la “Fiebre del heno” y esa gripe funesta que nos agarró con la refrescada-, pero también es inútil. Como andamos nadando en nuestros propios mocos, no podemos ponernos OFF, pero no es tan grave porque estos ni siquiera pican. Lo que más disfrutan los mosquitos idiota otoñales es pasearse frente a la pantalla o la televisión, hacer firuletes arriba del mate que estamos tomando o pegarse en las paredes blancas; todo bluff, exhibicionismo, para que veamos que están ahí. Y en esos momentos nos encontramos aleteando al vacío, sin ver nada más que unas mínimas manchas grises por todos lados, poniéndonos en ridículo, pegándole a la mesa o la pared. Tiramos el mate de un codazo, les soplamos el humo del cigarrillo, vivimos con el tubo de Raid “Casa y Jardín” al costado de la computadora, nos sacudimos sopapos a nosotros mismos. Y el frío que no termina de llegar y estos mierdas que no terminan de desaparecer.
Los mosquitos son una porquería en cualquier época del año. Pero hay momentos en que son peores.