Archivo mensual de July, 2007

En el fondo hay más lugar.

A ella le gustaba escribir. Siempre imaginaba títulos hermosos para novelas. Pero tenía ese problemita que una vez le había hecho notar un profesor en la escuela de Bellas Artes: “Marina, no tenés ingún talento. Y encima no tenés voluntad”.
Esas características tan claras de su personalidad se trasladaban a todas las areas, no solamente a lo artístico, que era donde más se notaba la carencia.
Igualmente insistía con escribir cosas. Cosas que no pasaban de las dos o tres páginas, sin principio y sin final. Nunca servía nada más que el papel dónde estaba impreso.
Cuando estaba hundida en el sillón pensando esas cosas, sintiéndose mal por su ineptitud, sonó el teléfono. Era él. Ya no sabía como hablar con su novio, cada vez era más difícil conversar, callar, hacer algo o no hacer nada. Los seis meses pasados en distintas ciudades hacían que el recuerdo de la relación, que tenían cuando estaban juntos, tomara la forma de una fantasía, con los bordes borrosos de las cosas que uno imagina pero no suceden en realidad.
- Hola, bebé- Dijo Cristian del otro lado de la línea ya a ella se le revolvía el estómago. Odiaba desde sus vísceras que le dijera bebé y se lo había dicho un millón de veces hasta que se resignó.
- Hola. ¿Qué hacés?- Contestó sin ánimo de fiesta.
Sintió un deseo imperioso de cortar la llamada y lo hizo. Hasta desconectó la corriente del teléfono inalámbrico de su casa. Estaba ahí, sola, abandonada, sin talento y sin voluntad.

Sentimientos Comunes

Es increíble como cambia el gusto por las cosas con el paso del tiempo. Y cuando nos damos cuenta de eso, también nos damos cuenta de que nos siguen gustando las mismas cosas…

Cuando estaba en el secundario me gustaban los tipos de pelo oscuro, ojos claros y piel bien blanquita o los pelirrojones, tipo británico. Después los morochitos, el clásico pero nunca bien ponderado cabecita argentino -Argentino porque no se consigue en ninguna otra parte del mundo. Hasta ahí todos flacos.
Más luego, me gustaron corpulentos, grandotes, gigantes, gordos.
Y hoy, paso más paso menos, me conformo con que me llame por teléfono.
Al principio me gustaban lindos -el poeta, el artista, el alternativo (cuando no se usaba esa palabra pero ya se venía incubando)-, después cancheros -el tarjetero del boliche, el que se compró una moto (siempre odié las motos, pero…), el de camisa blanca planchada, el de perfume importado, el que sabía el nombre de todos los tragos-, luego el inteligente y emprendedor -el que tenía trabajo (o muuucha plata), el que quería ser profesional, el que andaba de traje, el que sabía agarrar los cubiertos, el que le gustaba el vino-. Ahora los quiero con todo eso.

Con el paso del tiempo, cuando cada vez se nos hace más difícil conseguir un perro que nos ladre, las mujeres en ese afán de complicarnos las cosas, cada vez nos ponemos más exigentes. No solamente con los hombres. Antes si lográbamos que nos dejaran ir a bailar un día de semana -porque justo ESA FIESTA era un miércoles- eramos capaces de salir con el pijama para que no lo pensaran dos veces. Hoy si no tenemos ESA REMERITA que vimos en la entrega de los Golden Globe hace un mes, somos capaces de no salir y quedarnos mirando álgún programa en el cable hasta las 5 de la mañana, fumando y con un baño de crema en la cabeza.
Compramos perfumes por el frasco -y después no nos gusta-, nos hacemos adictas al yogur con cereales y los chicles sin azúcar, usamos cremas para la celulitis -aunque ella estuvo allí siempre-, tomamos 25 litros de café por día, conocemos todas las marcas de tintura, shampoo, baños de crema, ampollas, secadores, planchitas y cepillos para el pelo -perdemos una hebilla o broche por salida, como antes rompíamos las pantys-, somos alérgicas -pero sabemos que no hay nada que una mascarilla y maquillaje no puedan ocultar- y somatizamos hasta la caída del Nikkei.
Antes teníamos un amor imposible y ahora nos dimos cuenta que todos son igual de imposibles y que para el amor hay que tomar mucha sopa.

Si alguna vez fuiste a esa fiesta de la que no querías irte ni quedarte, si conociste a esos chicos o chicas, si viajaste en avión, si creíste que el mundo era tuyo y te equivocaste, bienvenido a los sentimientos comunes.

Demasiado Tarde

La heladera arrancó de golpe. Eran las 8:40 del sábado y me había quedado hipnotizado con las agujas del reloj de la cocina.
Ya sabía que las cosas no estaban bien. Como no habían estado las doscientas veces anteriores que, en 40 años, había pasado por lo mismo. Nadie me obligaba, pero dentro de mi una compulsión al sufrimiento me hacía someterme a la prueba una vez más. Y ya era demasiado tarde para arrepentirse.
Había movilizado a más gente de la necesaria para poder satisfacer mi necesidad estúpida de rechazar a una mujer más esta noche. Lo curioso es que la frecuencia que llevaba esta aventura se aceleraba y pensaba repetir-copiar lo mas fielmente posible la cagada del sábado anterior.
Pensé en bañarme, como para darme ánimos o esperanza, pero la falta de voluntad me ganó. Pensé en cambiarme, después de todo no era demasiado esmero, pero no podía pensar en qué podía ser más apropiado para pasarlo mal que la ropa que tenía puesta.
- Yo voy a estar cómodo- pensé. Pero lo que tenía puesto ya no era más cómodo después de haberlo tenido encima todo el día. Me conformé igual. Ya nada importaba y era demasiado
tarde para arrepentirse.
Pensé en lavarme los genitales, no hay nada más triste que el olor a bolas en la boca de la mujer que acaba de hacerte el favor, pero estaba seguro de que no estaba para favores esa noche. Si alguien iba a hacerme un favor, iba a ser yo mismo, escapando como el Llanero Solitario a caballo por La Cañada. Además, punto a mi favor, soy un caballero y si la mujer era realmente espectacular y nos enamorábamos al instante, por lo ridículo de la idea me había prometido pagar una buena habitacion en un telo y seguro tenía ducha.
Pero también pensé que una mujer espectacular sólo se enamoraría de mi si no tengo olor a bolas. Estaba en problemas, era demasiado tarde. Entonces me puse perfume.
Y me cepillé los dientes y me hice un buche. Por lo menos besarla podría. Si llegaba a besarla, caería irremediablemente a mis pies, aún el olor a bolas completamente disimulado por el perfume. El perfume SI era bueno, por lo menos. Ya era demasiado tarde.
Busqué el documento, como un adolescente, hacía mucho que no llevaba a ningún lado el documento. Me acordé que la última vez que lo usé fue en el juzgado cuando tuvimos la última audiencia de divorcio de esa bruja de la que había estado tan enamorado. Y de pronto pensé en echarle la culpa entera de encontrarme en ésta situación. ¿Por qué no pudo haber sido normal? ¿Por qué nunca me di cuenta de que nunca fue normal?
Busqué la billetera, las llaves, saludé a la vieja, volví a la cocina a tomar un vaso de agua –como un esfuerzo desesperado por no salir- y salí de casa. Con la sensación de que me estaba olvidando de algo. El ritual estaba incompleto. Pero ya era demasiado tarde para arrepentirse, ¿o no?
En el auto, sentía que me hundía en un pantano de polenta con queso que me estaba tragando desde los pies. Me costaba horrores pisar los pedales, estaba mareado, tenía frío, sueño y hambre. Un despojo. Mucho no importaba, nos encontrábamos todos en la casa de una amiga para salir juntos, seguro que tendría algo para comer, o tomar, o una bolsa de agua caliente para el frío, que podía reventarse y con el agua hirviendo quemarme los huevos y tener que salir corriendo a un hospital a vendarme los genitales con Pancután. Eso sería bueno. Tenía que acordarme de pedirle la bolsa de agua caliente ni bien llegue. Pero era demasiado tarde, en la radio en el auto anunciaban que la temperatura era de 20°, atípicamente caluroso para ésta epoca del año, decía la locutora. Me asaltó un deseo desesperado de que la mujer que me esperaba fuera esa locutora, con esa voz de satén y un cuerpo imposible de creer. Cuando estaba pensando justo en eso, siento que toco el cordón en la puerta de la casa a la que iba, hacía varios minutos que estaba estacionando y no quería terminar hasta que la locutora no terminara de decir sus boludeces y empezara un tema de Charly. Con la canción, tampoco quería bajarme del auto. Estaba prolongando la agonía todo lo que podía, pero era demasiado tarde para escapar, agarrar la ruta y terminar en Perú o Ecuador, o no sé, más lejor también.
Al revés de lo que habitualmente sucedía en ese edificio, la sucesión llamar al departemento-contesta la dueña-avisa al de seguridad-el de seguridad se para de su escritorio-abre la puerta-muchas gracias-buenas noches, ni bien acerco mi dedo al tablero de botoncitos, el de seguridad se levanta como un rayo y muchas gracias-buenas noches fue todo lo que sucedió.
El ascensor estaba, por supuesto, en la planta baja. Pensé en tomar el otro ascensor del otro cuerpo -como para demorar un alguito más- pero ni bien me asomo veo que también está en PB. Y caminar al pedo toda la vuelta solo para ganas 5 o 10 segundos, me pareció infantil.
Los siete pisos que me separaban de la puerta a la que debía llamar, se sientieron como 1 y medio solamente. Y la puerta, encima, estaba abierta.
Con cara de chico en su primer día de jardín de infantes, entro-digo permiso-buenasssss-yo soy Gustavo. En el “corner” de la puerta que daba al balcón está el novio de mi amiga fumando, con ojeras y cara de gripe. Mala suerte, pensé, ya empezamos mal si la pierna está averiada. Al lado de él, como una matrona endomingada, estaba mi candidata. Sentí un repentino sudor frío que me caia desde la nuca hasta la raya del culo. Traté de conformarme pensando que a los 40 años ya debería haberme acostumbrado a no juzgar a la gente –y especialmente a las mujeres- por su aspecto; ¿o acaso mi ex no era DI-VI-NA antes de ser una bruja?
Desde el otro “corner” se asoma mi amiga desde el baño, con una toalla alrededor del cuello como Bonavena, los ojos abiertos como si se le fueran a salir de la cara, el tubo de rimmel en una mano y el palito en la otra.
-¡Titán, al fin llegaste! – y me hace una sonrisa de costado, tan suya, tan hija de puta, como sabiendo que lo que me impedía que me tirara por el balcón en ese mismo instante es que tenía que correr al engripado novio para salir.
Como si fuera lo más normal del mundo y nos conociéramos de la primaria, Susana –porque, encima, hasta el nombre estaba mal- me empieza a hablar aún antes de que yo saliera de mi estupor y se me escurriera el sudor de la raya del culo.
-La noche está perdida- pensé para mis adentros, pero parece que la voz salió de mi boca sin control y le escupí la frase en la cara, como poseído, como respuesta a no se que pregunta que me había hecho.
No sé si por la gripe o por mi exabrupto, el engripado tosió como atorado, desde el baño se oyeron unos ruidos como de maquillaje que se cae al piso sin control y “la Su” quedó petrificada en una mueca de asombro.
-Perdida de calurosa, y yo con esta tricota.- dije y me largué a reir como el doctor Frankenstein cuando grita “¡Está vivo!” en esas películas de clase B.
(to be continued)

DDW Resúmenes de otros

Cuando salí de “Día de Weblogs” me propuese hacer una reseña de lo que había pasado ahi. Y hablando de pasado, ya pasaron 10 días y no escribí nada más que unas notas en La Segunda Vida de Marinita .
Pero lo bueno de que fuimos muchos es que varios escribieron excelentes resañas ahorrándome el desgaste neuronal a mi. Me encantaría que se den una vuelta por estos sitios y lo comprueben por Uds. mismos. No hace falta decir que con muchos no concuerdo en algunas cosas -sobre todo en lo que se refiere a la mesa de periodistas que no me atrajo demasiado- pero es lindo que la gente opine distinto ¿no?
Los Yanover
S. Paschman, resumen de la mañana de DDW
S. Parigi
A. Liuzzi
PiensaBlog
J. C. Lucas
J. Gobbi en Blog de Viajes
Chatrán de Córdoba
Alec Oxenford

La fiesta. Un cuento para la hora del té

Las luces del salón se movían esquizofrénicas. El piso brillaba como el cristal. Todos estaban ahí. Los mozos pasaban con las bandejas llenas de copas de colores. El sushi era preparado en una mesa a la derecha y a la izquierda del salón los quesos se enfilan con la elegancia del Bolshoi (¿Se dieron cuenta de que en las fiestas NO HAY OLOR A COMIDA? Pueden estar fritando un perro muerto que no van a sentir nada. Yo, en mi casa, hiervo un huevo y hay olor a huevo duro por seis meses) El humo de los cigarrillos y, obvio!, los cigarros apenas formaba nubecitas en la parte alta, cerca del techo. Era un ambiente agradable y distendido, ideal para el after office de un día agitadísimo. Como a la pasada, agarro una copa con líquido amarillo de una bandeja de un mozo de traje de pantalones de seda de china y me paro como un granadero al lado de la mesa de quesos (No es que le sushi no me guste, pero lo quesos tenían esas prácticas espaditas para cazarlos y el sushi, con la mano, me lo iba a tirar encima como es mi costumbre).
A lo lejos, veo un conocido con más cara de aburrido que Yoko Ono. Ya con algún quesito en mi estómago, empiezo a recorrer la fiesta con la vista, prestando atención a las caras. Parecía la sala de espera de la Terapia Intensiva de un hospital público un sábado a la mañana. Una mezcla de arruine por no haber dormido, sustancias, el premio que no se ganaron, los zapatos que aprietan, la inversión que bajó, los Cohiba que no se consiguen, las polillas que me agarraron el Armani, el perfume que tiene alguien que me da dolor de cabeza, la humedad, el sushi, los canales codificados, el caller ID, los ingenieros de sistemas, los Brand Manager, los repuestos del auto que tiene que llegar de Alemania esta semana, el….
Y, entonces, me dí cuenta de los terribles quilombos que tienen los publicitarios. No todo es un jardín de rosas, así, como las modelos….
Y, además, yo estaba ahí.
A lo lejos, más lejos, más allá de Yoko Ono veo la puerta del baño. Era lo único que podía salvarme de ese momento. Entro y había aún menos luz que afuera. Salí, ya que no podía ni verme la cara en el espejo, decidí pintarme la boca en el reflejo de una bandeja de algún mozo de pantalones de seda. El aire comenzaba a ponerse denso. El humo bajaba como una epidemia sobre las cabezas. Los mozos pasaban con las bandejas con copas vacías. La gorda de siempre que pegaba carcajadas abrazada de algún creativo joven. El olor a porro. Los creativos junior abrazados a la parra. El calor y las camperas de cuero que empezaban a sobrar pero no había donde dejarlas. El piso todo pegoteado de sushi-pucho-queso-vino-gaseosa-chicle de menta. – Permiso….- La gente que, de pronto, era demasiada. La gente que no quería saludar. La gente que, ni siquiera, quería ver. Mi ex. Mis ex. El que me gustaba. Los que me gustan. El tipo, la esposa y el gato. Los gatos. Los mozos de traje de pantalones de seda de china y las mozas de trenza. Las promotoras de vestidito ceñido verde, pelo oxigenado y labios rojos. Los de la revista, los del programa, las cámaras.
Y, además, yo estaba ahí.
Me dí cuenta del poco tiempo que necesita un publicitario para arruinar una fiesta. Que necesitamos.
Salí a la puerta y llamé un remise. Llegó un autazo gris y me subí. Como ya era bastante tarde le dije a donde íbamos y me dormí placidamente en el asiento de atrás, satisfecha por la tarea realizada y orgullosa porque una vez más había sobrevivido a una de esas fiestas que me encantan.

Una nuvecita queda bien

Les paso un link muy monono que tiene los códigos para hacer una nuvecita de etiquetas -Tag Cloud, para los íntimos- como la que hice en este blog y en La Segunda Vida de Marinita.
Las instrucciones son A Prueba de Idiotas -idiotas angloparlates, porque está en inglés-, tanto que hasta yo lo pude hacer. Lleva un poco más de huevo tunnearlo para que quede bonito con la plantilla que estemos usando, pero nada imposible.
Code for New Blogger Tag Cloud / Label Cloud
Si necesitan algún tipo de ayuda extra, escriban un comentario y se los responderé a la brevedad -calculen de todos modos mi limitadísimo conocimiento de HTML-
Besos a todos.

Tengo 3 problemas

1. Creo que soy adicta al Kero.
2. Me pierdo editando HTML.
3. No me sale configurar un filtro en Google Analytics para que NO cuente MIS entradas en MIS sitios.